¿Pueblo o ciudad? O cómo unir colectividad e individualismo

Pueblo y ciudad me parece que representan perfectamente la dicotomía interior en la que vivimos todos los seres humanos. 

Por un lado está la visión de pueblo, vivir en una aldea, donde todos te conocen, donde hay una sensación de pertenencia, unas raíces, donde las personas se ayudan unas a otras, donde te sientes seguro y puedes dejar la puerta de tu casa abierta y a tus hijos corriendo libres. ¿Cuáles son las desventajas? La uniformidad en la forma de pensar, la dificultad de poderte expresar libremente, la menor creatividad y diversidad, la opresión que pueden producir las reglas invisibles puestas por la tradición. 

Por otro lado tenemos la ciudad. Un espacio de gran expresión individual, donde puedes ser como quieras ser, existe variedad, creatividad e innovación. El individuo gana importancia y existe mayor diversidad de personalidades y de pensamiento. ¿La desventaja? Más inseguridad. Mayor soledad y aislamiento, anonimato, menos sentido de conexión con los demás y con lo que te rodea. Cada uno “va a lo suyo”, para bien y para mal.

Por como están las ciudades de llenas y como están los pueblos de vacíos está claro que el individualismo está ganando la partida. De hecho estamos en un hiperindividualismo donde parece que lo único importante es “yo, mi, me, conmigo”. 

Podemos ver reflejado esto en todas partes. 

En las redes sociales con su exaltación del yo, los selfies, el reportar a todas horas qué estoy haciendo y la búsqueda constante de reconocimiento por mi yo individual. 

En el marketing con el concepto de marca personal y dar tu visión “única” del mundo, mostrar tu personalidad en toda su autenticidad que te traerá los cliente que se identifiquen exactamente contigo. 

En el capitalismo, obviamente, que se ha sumado con entusiasmo a esta tendencia, donde cada producto que compras te da la posibilidad de expresar tu exclusividad y así diferenciarte del resto. 

En el crecimiento personal donde tú eres el responsable de tu entorno. Si tú cambias todo cambia. Tu vida exterior es un reflejo de tu vida interior sin tener en cuenta las circunstancias globales y estructurales en las que te encuentres.

¿Cuáles son las consecuencias de este hiperindividualismo? Bueno, lo que ya estamos viendo por todos lados… mayor depresión, mayor tasa de suicidios, más adicciones, más estrés y los niveles de felicidad no suben. 

Y no es que esté en contra del individualismo, pero puede que quizás se nos haya ido de las manos… Seguramente no queremos volver a la vida opresiva de los pueblos pero está claro que este modelo tampoco está funcionando. 

¿Has estado recientemente en una manifestación? Cuando andas codo con codo con otras personas luchando por un mismo ideal, por cambiar las cosas, por un proyecto común más grande que uno mismo sientes un gran calor interior y una sensación de poder que engancha. Porque el ser humano necesita también esa parte que hemos perdido. Esa parte en la que nos sentimos uno y donde el bien global es más importante que mi yo individual.

Para mi uno de los grandes éxitos del independentismo catalán ha sido crear esa sentido de unidad organizando manifestaciones constantemente. También lo utiliza el feminismo. El 8 de Marzo es de mis días favoritos del año sentir la unidad de tantas mujeres y hombres me emociona y me da fuerzas. Todo movimiento social sabe del poder visceral que genera esa unión. Porque está dentro de nosotros. El ser humano nació en tribu y necesita sentirse parte de un grupo y tener conexiones reales y con significado con otras personas.

Por eso es el momento de crear un mundo donde ambas tendencias puedan convivir. Un balance que incluya la libre expresión individual, la tolerancia hacia otras formas de vivir y pensar, que de espacio para que el individuo evolucione, pero que a la vez se enmarque en una colectividad, donde las personas se sientan cuidadas, conectadas, seguras y acompañadas.  Un momento en el que lo mejor del pueblo y de la ciudad se fusionen.

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